NATIVO EN LA VANGUARDIA
Octavio Hernández Jiménez
En el departamento del Vaupés, hay extensiones inmensas que son tierras en exceso mineralizadas y pobres en vida silvestre. Los indios cultivan piña, yuca brava, ají y popocho, un plátano pequeño para hacer patacones. El plato con que atienden las visitas es la quiñapira, un caldo aguachento de un pescado pequeño porque los ríos también son pobres de vida animal debido, en parte, a que capturan los ejemplares de gran tamaño, en la parte baja de los ríos. Al caldo le echan ají pues no tienen sal. Para los indígenas, el pescado moquiado es pescado al humo. Para secarlo con el humo, no le quitan nada; entero y sin sal.
En el Vichada, la ‘manicuera’ es una sopa cocinada con mangos abundantes en la región. En Puerto Carreño hay avenidas sembradas de mangos que sueltan sus cosechas en plena vía pública. Les hacen incisiones a los mangos y los echan a cocinar hasta que suelten el jugo. Botan las pepas y las cáscaras y beben la colada. Ese comportamiento lo dictan algunos tabúes heredados de tiempos recónditos emparentados con algún tótem de la tribu. Los tabúes les prohíben comer ciertos animales o vegetales pero, en general, se explican por la miseria en que sobreviven algunas comunidades abandonadas de los entes que deberían calmar las necesidades básicas.
En el Putumayo, los habitantes obtienen la chicha echando, en una totuma con agua, tres cucharadas de plátanos podridos que guardan enterrados en una bolsa. La revuelven y va para adentro. También hay chicha de maíz y yuca brava.
En el Caquetá sacan de los ríos el ‘pirarucú’, un pescado que puede pesar más de 50 kilos. Asan sus carnes, tiernas como la pechuga, el lomo y los desperdicios. Preparan la cachama en guarapo de caña de azúcar y ahumada.
Un plato muy caqueteño es la morcilla de chócolo. Muelen el maíz tierno, le mezclan cebolla, arroz, mucha carne de cerdo, la rellenan y ponen a cocinar. También preparan bolas de plátano pintón revuelto con carne de res. La base de la economía de esta región es el ganado por lo que asan la carne de res. Preparan empanadas de plátano, en vez de empanadas de maíz, y hamburguesas de plátano verde o maduro, en vez de pan. El plato típico por excelencia es la carne de res que entierran en las playas de los ríos. Envuelven la carne en el cuero de la misma res para que se impregne de los mismos jugos.
La región del Amazonas es un tesoro escondido de comidas propias de esa región surcada por ríos abundantes en peces tan extraordinarios como el pirarucú, “el gran pescado prehistórico del Amazonas”, cuyo tamaño, ya adultos, está entre 1,90 y 2,60 metros de largo. Sus carnes se preparan como jamón, rollitos y otras formas inventadas en las ciudades por chefs como Andrews Arrieta, en su restaurante de Bogotá, por el sector de Paloquemao, en donde ofrece productos provenientes de 14 comunidades amazónicas como platos de pirarucú y otros como pirañas, variedad de hormigas (como la limón, mambe o tucupí), ajíes, frutos y semillas (como la de macambo), chuchuguaza y siete raíces amazónicas que aún otros chefs no se atreven a cocinar, según la estudiosa y periodista Liliana Martínez P.
Aunque los pueblos indígenas actuales ofrezcan alimentos desconocidos por nuestra civilización, ellos no conocieron varios vegetales que fueron parte de la dieta alimenticia de otros pueblos precolombinos anteriores a sus comunidades, como la quinua cultivada en Bolivia, Perú, Argentina, Chile, Ecuador y Colombia, entre los 500 y los 4000 metros de altura sobre el nivel del mar. La quinua contiene aminoácidos, magnesio, fósforo, hierro, zinc, cobre, calcio, potasio, vitamina E, B y A y omega 3. Se muele, se exprime y se obtiene leche y hasta chicha de quinua. Aún con estas carencias, la alimentación de los pueblos amazónicos es saludable.
Consideremos que la comida aborigen, por muy elemental que parezca, es un complejo acto cultural que va desde el momento en el que una comunidad, con incontables ensayos de errores y aciertos, opta por alimentarse de una planta o un animal. En el transcurso del tiempo, han encontrado las formas de procesarlo y consumirlo. Eso ha sucedido con el consumo de larvas e insectos, entre los pueblos indígenas de esa Colombia ignota. El mojojoy es un gusanito blanco que se encuentra entre el humus de la tierra fértil y húmeda. Se consume, aún, entre pueblos indígenas y ciertos grupos de nuestra población.
En el Bajo Occidente de Caldas, cuando mi padre, con el regatón escarbaba la tierra, en la huerta de la casa, un migrante de origen libanés que se quedó a vivir y criar su familia, en nuestro pueblo, recogía los mojojoyes, les arrancaba la cabeza, con la uña de sus manos, y se los comía vivos. Para muchos, don David Yunis, más que una persona de costumbres gastronómicas exóticas, pasó como un mago extravagante. En pueblos de Líbano, Siria, Irak e Irán, consumen los mojojoyes crudos (vivos), fritos, asados o rellenos.
La hormiga culona, es plato insignia de Santander. Se consume tostada. En Vaupés consumen ají de hormiga. Tuestan las hormigas, las machacan y las muelen con ají seco. La hormiga limón o arriera es de origen amazónico. Los chefs la usan en infusiones y salsas a las que aportan un tono de limonaria. En el Tucupy del Amazonas, los indígenas utilizan las termitas picantes. El chef Álvaro Clavijo (El Chato), uno de los pocos chefs colombianos en las grandes ligas de la comida mundial, las usa en algunas salsas (El Tiempo, 8 de enero de 2021).
Han filmado películas en las que, indígenas de ciertas tribus del oeste norteamericano atrapan moscas para prepararlas como alimento. Se trata de su alimento natural. La cultura de la que hacemos parte rechaza de plano esa elección nutricional. Sin embargo, desde el siglo XIX se viene experimentando con moscas y hasta varios científicos han ganado premios como el Nobel, por avances en investigaciones en temas asociados con el cáncer, epilepsia, deficiencias en el sistema inmunológico, cardiopatías y otros asuntos. Las investigaciones, sobre las moscas, en 2021, avanzaban, en Colombia, en la Universidad del Norte de Barranquilla, en compañía con el Instituto Max Plank de Biología Evolutiva, de Alemania (Leonardo Herrera, 9 de julio de 2021)
Ferrán Adriá, en una conferencia, en Barcelona, comentaba que, según la creencia generalizada, lo natural es lo que no está ni elaborado ni transformado. Según la propaganda, un yogur es un producto natural pero, ¿quién, alguna vez, ha visto un yogur o un jugo de naranja en el bosque? “Este tomate… ¿Está en la naturaleza? No. El hombre artificialmente lo ha hecho un producto mejor que lo natural. El natural está en los Andes y es incomestible. Los humanos vamos haciendo productos, a veces muy malos y a veces muy buenos; la mayoría de veces, mejor de lo que están en la naturaleza” (Ferran Adriá, 27 de mayo de 2018, p.5.8).
Sin embargo, la comida aborigen no tiene por qué ubicarse, en la contemporaneidad, exclusivamente, en una etapa prehistórica, en la tupida selva del Vaupés, en los litorales o en crudos pisos térmicos. Cuando avanzaba el siglo XXI, se llegó a catalogar el restaurante Maido, en el distrito de Miraflores, en Lima (Perú), como el primer restaurante de Latinoamérica. Uno de los platos más solicitados era el cuy, tan apreciado en el sur de Colombia, sobre crema de coliflor, con una de tantas papas nativas y brotes verdes (plato aborigen); luego, servían unas costillas de res, con ají negro, encurtido y palmitos. Se finalizaba con “un helado ahumado de semillas de macambo (fruto de la misma familia del cacao), con soya, crujientes de nibs (semillas de cacao), camucamu (fruto amazónico) y uchuva” (Mauricio Silva, 2019). Lo aborigen elevado a los altares de la alta cocina en pleno siglo XXI.
En Antioquia y el Gran Caldas, se saborean arepas de maíz, asadas y, encima de ellas, una porción de carne de res desmechada, hogao de tomate, cebolla y aceite vegetal. En el restaurante Humo Negro, de Jaime Torregrosa, en Bogotá, que ocupaba el puesto 41 entre los mejores de Latinoamérica, entre 2025-2026, según The Fifty Best Restaurants, allí, la popular arepita de maíz la sirven con cangrejo desmechado, encima.
El crítico y comentarista que firma sus columnas, en El Tiempo, con el seudónimo de Sancho, comentaba que, en Humo Negro, preparaban, con nuevas técnicas: “… los mariscos del Caribe, el majestuoso pirarucú del Amazonas, los palmitos del Putumayo, el chontaduro del Pacífico, tubérculos como el yacón y la arracacha, el limón mandarino, la gulupa y nueces como el marañón y la macadamia…”.
Asuntos de gastronomía como estos son los que traen a Colombia, aviones cargados de turistas que buscan nuevos sabores y difunden, al regresar a sus países, que han encontrado un país con un maravilloso potencial gastronómico. Falta que los colombianos nos sintamos orgullosos y con ansias de saborear tantas novedades para el gusto.
OCTAVIO HERNÁNDEZ JIMÉNEZ
(San José de Caldas, 1944), bachiller del Colegio Santo Tomás de Aquino de Apía (1962) y luego profesor del mismo centro educativo. Profesor de la Universidad de Cundinamarca (1974-1975). Profesor Titular y Profesor Distinguido de la Universidad de Caldas, en Manizales (1976-2001). Primer decano de la Facultad de Artes y Humanidades (1996-1999) y Vicerrector Académico (E.) de la misma Universidad (1996). Premio a la Investigación Científica, Universidad de Caldas, (1997). Primer Puesto en Investigación Universitaria, Concurso Departamento de Caldas-Instituto Caldense de Cultura (2000). Primer Puesto Categoría de Ensayo Nuevos Juegos Florales, Manizales, (1993 y 1995). Miembro Fundador de la Academia Caldense de Historia, Socio Fundador del Museo de Arte de Caldas, Miembro de la Junta Directiva de la Orquesta de Cámara de Caldas. Orden del Duende Ecológico (2008).
* OCTAVIO HERNÁNDEZ JIMÉNEZ ha publicado las siguientes obras: Geografía dialectal (1984), Funerales de Don Quijote (1987 y 2002), Camino Real de Occidente ( (1988), La Explotación del Volcán (1991), Cartas a Celina (1995), De Supersticiones y otras yerbas (1996), El Paladar de los caldenses (2000 y 2006), Nueve Noches en un amanecer (2001), Del dicho al hecho: sobre el habla cotidiana en Caldas (2001 y 2003), El Español en la alborada del siglo XXI (2002), Los caminos de la sangre (2011), Apía, tierra de la tarde (2011). Su ensayo “El Quijote en Colombia” hace parte de la Gran Enciclopedia Cervantina, de Carlos Alvar (2006).
* “El humanista Octavio Hernández Jiménez contribuye a la afirmación de la cultura popular en Caldas. Él, con ese orgullo caldense que siempre expresa en sus escritos, se ha empeñado en divulgar el folclor regional, pensando siempre en afirmar la identidad y autenticidad de la cultura caldense en el marco y relaciones con la cultura popular colombiana. El humanista caldense tiene una fuerza cultural muy significativa en el conocimiento y cultivo del folclor y en los aspectos diversos de la cultura popular que reflejan la esencia del alma colombiana. Octavio Hernández en su obra transmite la idea de que es necesario fortalecer en los caldenses la conciencia regional y nacional como pueblo de grandes valores y atributos” (Javier Ocampo López, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y de la Academia Colombia de Historia, en el texto “Octavio Hernández Jiménez, el humanista de la caldensidad”, 2001).
Título: Orden del Duende Ecológico.
“República de Colombia/ Alcaldía Municipal San José Caldas/ Nit. 810001998-8/ II Fiestas de Mitos y Leyendas. Resolución Nro 093-08 Octubre 09 de 2008. Por medio de la cual se otorga la Orden del Duende Ecológico. El Alcalde Municipal de San José Caldas, en ejercicio de sus facultades Constitucionales y, CONSIDERANDO: Que mediante el Acuerdo Municipal número 216 de 2008, se creó la Orden Del Duende Ecológico, máxima condecoración que el Alcalde Municipal concede a sus ciudadanos más destacados. Que es deber de esta Administración exaltar las cualidades y virtudes de una Persona Ilustre del Municipio que con su actuar ha dejado en alto el nombre del Municipio. Que el Doctor Octavio Hernández Jiménez es reconocido como un señor íntegro en medio de sus labores misionales, amante de la tradición y cultura propias de nuestra región, las cuales da a conocer como embajador de nuestro municipio a nivel regional y nacional. Que el Doctor Octavio Hernández Jiménez se ha destacado como un insigne señor, cívico por excelencia, colaborador incansable; se ha hecho presente en el desarrollo de importantes programas que han impulsado el progreso de nuestro Municipio, difundiendo ejemplo para presentes y futuras generaciones. Que el Doctor Octavio Hernández Jiménez se ha destacado en el estudio de la influencia de los mitos y leyendas y su divulgación dentro del Municipio de San José Caldas. Que según estudios realizados por el Doctor Octavio Hernández Jiménez, dentro de la historia del municipio se creó la figura del Duende Ecológico para preservar las aguas, nombre que hoy recibe la presente Orden. En mérito de lo expuesto, RESUELVE: Artículo Primero: Otorgar la Orden Duende Ecológico al Doctor Octavio Hernández Jiménez. Artículo Segundo: Exaltar las cualidades de tan ilustre personaje, quien con su excelente desempeño ha dejado un gran legado en el arte de escribir y en la conservación del patrimonio cultural. Artículo Tercero: Hacerle entrega de una placa al Doctor Octavio Hernández Jiménez, en acto público a realizarse el día 09 de octubre de 2008. Artículo Cuarto: Copa de la presente resolución será entregada en nota de estilo al Doctor Octavio Hernández Jiménez, en dicho acto. Comuníquese y cúmplase. Expedida en San José Caldas, a los nueve (09) días del mes de octubre del año dos mil ocho (2008). Daniel Ancízar Henao Castaño, Alcalde Municipal”.
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